domingo, 4 de diciembre de 2011

"Mamá quiero, comprame, dale"

Educar hijos en el consumo inteligente 
La educación del consumidor comienza en la casa  
La actitud de padres influye en cómo valoran los hijos 

Cuentan de una madre que trataba de inculcar en sus hijos no quejarse cuando para postre solo había naranjas: "Por lo menos demos gracias de que tenemos naranjas". Y así con otros criterios de austeridad. Un día cuando se disponía a poner en funcionamiento el lavarropas se dio cuenta de la falta de jabón en polvo. Lo primero que se le escapó fue una queja. El hijo de cuatro años le alcanzó del baño la pastilla de jabón de tocador: "Mami, da gracias de que por lo menos tenemos este jaboncito".

En épocas de crisis financiera, mucho se habla de inflación, suba de precios, derechos del consumidor, pero ¿nos hemos planteado educar a los hijos para el consumo inteligente? ¿Quién duda de que la más acertada educación del consumidor empieza en casa?

Si una hija exige ropa de marca o usa algo y lo desecha a la segunda puesta; si un niño pide para su fiesta de cumpleaños una torta cara e hipersofisticada; si cuando salimos de casa nos preguntan indefectiblemente "¿qué vas a traerme?", puede ser el momento de plantearnos cómo hemos enseñado a nuestros hijos a gastar y qué criterios les trasmitimos acerca del uso del dinero y de las cosas materiales.

La actitud de los padres en este aspecto condiciona en gran medida el valor que los hijos de todas las edades dan al dinero, al gasto y al ahorro. Qué valoramos y cómo gastamos, los comentarios que hacemos respecto a estos temas tienen una influencia incuestionable en los hijos.

¿Podemos reaccionar ante el consumismo del ambiente o tenemos que resignarnos? Hay padres que a este respecto reflejan actitudes esperanzadas más próximas a una sana filosofía de la austeridad. Consideran que es posible contrarrestarlo por ser negativo para sus hijos al tornarlos caprichosos y dependientes, incapaces de discernir entre lo superfluo y lo imprescindible.

Podemos educar para un consumo sensato, intentando nosotros ser más austeros en el consumo del agua y la luz, evitando que en casa se tiren cosas a medio usar, limitando caprichos sin ceder al chantaje afectivo. Podemos enseñar a administrar el dinero comprando solo lo necesario y suprimiendo lo superfluo como por ejemplo, comer lo que hay sin antojos momentáneos.

A veces tachamos a los adolescentes de light, de que van por la vida usando y tirando, llamándose por el celular incesantemente. ¿No será reflejo del estilo de vida de los adultos?

¿Los chicos nos ven con frecuencia leer, escuchar antes de hablar o hacer con detenimiento algún tipo de labor manual o artística?

Somos los padres quienes, de cara al verano y la época de los regalos navideños, debemos convencernos que el consumismo no aporta nada al crecimiento personal: es un estilo de vida insano e impide el disfrute de tantas cosas sencillas que ofrece la vida.


Deserción escolar.

Un informe de Cepal señala que la mayor deserción escolar en Uruguay se produce en la secundaria. Adjudica como responsables a establecimientos educativos y al entorno familiar. Sugiere como plan de fortalecimiento un mayor acercamiento de la familia al centro educativo.

El niño hiperactivo.

Actualmente se sabe que la hiperactividad suele ir acompañada de déficit de atención. Si es bien tratado durante el tiempo necesario, el exceso de actividad motora, puede desparecer, mientras que el déficit de atención suele ser más persistente.

El País Digital - Ana María Abel

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